Mirar hacia arriba y encontrar árboles altos que llegan a tapar aquel cielo gris con algunos rayos de sol intentando salir. Cada árbol es diferente al otro. No soy la experta en estos temas definitivamente pero puedo notar en sus hojas la gran diferencia. Algunos las tienen rígidas, oscuras y largas mientras otros cortas, claras y anchas.
Aquellos rayos de sol, que forzosamente se abren paso, bajan e iluminan aquel color verde del pasto. Las hojas, amarillas y caídas, contrastan sin duda con la tierra y le dan un toque de color al suelo que llaman la atención de cualquiera que se detenga a observar.
Ahora, al mirar de frente, resalta una caneca de basura amarilla que marca el camino hacía una pequeña casita hecha con piedras, decorada con flores amarillas y rojas en la parte del frente, las cuales pareciera son en honor a la virgen María.
Sin duda esta zona verde ilumina y le da vida a la fría esquina de cemento de la calle 39 en la ciudad de Bogotá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario