Intentar llegar a una estación en la calle 42 que tiene por nombre
"Estación calle 45" me complicó bastante la vida. Desde aquí ya empezaba a tener mi primera falla. Después
de caminar una y otra vez por estas calles de la 13, logre ver a lo lejos un
compañero de clase así que asumí que la reunión debía ser donde él se
encontraba. Al llegar, me dijeron que no podía entrar si no tenía tarjeta así
que aquel compañero que vi a lo lejos muy amablemente me prestó la suya. Yo no
tenía idea que debía comprar una y ya se estaba haciendo tarde para comenzar mi
recorrido, segunda falla. Hacer la fila, pagar mi pasaje, entrar y encontrarme
sola en este carril metálico sin fondo y lleno de personas. Todos se veían tan
confiados, se notaban seguros de que allí debían estar parados si querían
llegar a sus destinos. Mis compañeros ya habían salido y yo me encontraba
desorientada pues a diferencia de los demás era la tercera vez, aproximadamente,
que montaba en este sistema de transporte y lo peor es que debía llegar hasta
el Portal Usme, lugar al que jamás había ido, tercera falla. Conté con un poco
de suerte pues al caminar por la estación vi que uno de los Transmilenio tenía
como destino el Portal Usme y allí me monte. Parada y desconfiada comencé mi
aventura.
En el momento que entré, vi un vendedor de maní de esos que cargan
sus canasta de mercado y gritan: "Se le tiene el maní con pasas, maní
dulce, maní normal, a mil pesitos la bolsa". Tenía hambre, lo acepto, pero
estaba parada, con personas a mi alrededor y sacar la billetera de la maleta
era complicado así que me aguante, cuarta falla. A medida que avanzaba se
desocupada un poco el Transmilenio así que logré sentarme cuando estaba por la
estación Av. Jiménez.
Sentarse, que rico se siente. A mi lado estaba un joven con una
apariencia de rapero, con el pelo parado y lleno de gel. Escuchaba música en su
celular mientras dormía recostado en la ventana. Sin que él supiera fue mi
compañero de aventura por un tiempo hasta que logré sentarme al lado de mi
amiga Catalina. Comenzamos a conversar tranquilamente hasta que se subieron un
grupo de raperos con micrófonos y parlantes. Hicieron su show desde el segundo
vagón hasta el último donde yo me encontraba. Le rimaban a las personas que
estaban sentadas, incluyéndome, y al finalizar pidieron un aplauso y dinero a
las personas que los quisieran apoyar. Creo que muchos decidieron hacerlo
por lo carismáticos que eran además con sus rimas lograron sacarle una sonrisa
a más de uno.
Después de esta gran distracción volví a mi conversación con
Catalina. Cada vez que pasaba una estación yo miraba el letrero que decía
"Próximas Paradas" y nunca veía la mía. Entre más recorrido, más lejos
sentía que estaba. Dónde será el Portal Usme? Me sentía como caminando a ciegas.
Calle 19, Profamilia, Calle 40 Sur, El Quiroga, Molinos y nada que decía la
mía, cuarta falla. Después de un tiempo me rendí y decidí que no miraría más
cuánto faltaba sino que simplemente me bajaría cuando ya terminara todo el
recorrido.
Ya no miraba el letrero de próximas paradas así que me dispuse a
observar por la ventana. A medida que me alejaba de la estación Calle 45 los
edificios iban desapareciendo y las casas se imponían en el paisaje. La
polución era constante. Todo se veía en un tono oscuro. Era como si el aire
fuera gris. Muchas tiendas y ferreterías por todas partes, hombres trabajando,
niños jugando fútbol en la calle hasta que una situación en un parque llamó mi
atención por completo. No supe cómo se llamaba este barrio pero dos policías le
pedían a un hombre que le entregará unas cosas que tenía en el suelo. El
hombre, un habitante de la calle y las cosas, botellas de pegante, más conocido
como bóxer. Aclaro que siempre me ha traumatizado ver a las personas oler estas
botellas. Me impactó mucho notar cómo el hombre no quería entregar la botella y
metía el dedo en ella para sacar lo poco que quedaba antes de dársela a los policías.
No se si esta cuenta como mi quinta falla o no. Si bien me sirvió para narrarla
aquí, me indispuso la aventura.
Llegar al Portal Usme y encontrarme rodeada de montañas. Me
preguntaba: a dónde van las personas que se bajan aquí?. Deben tener muchos
alimentadores para llevarlos adentro a sus barrios pues a mi alrededor no se
veían ni conjuntos, ni edificios, ni nada. Casi completo mi sexta falla aquí
pues me enteré que la cárcel La Picota estaba visible en mi recorrido y yo no
la había visto. Lo bueno es que tenía todo un camino devuelta a Calle 45 así
que me propuse encontrar esa cárcel antes que nada. Y sí la vi. Grande,
imponente y lo más curioso, muy cerca a un colegio lleno de niños pequeños. Me imaginaba que las profesoras podían amenazar a los estudiantes diciéndoles que si no cumplían terminarían ahí en la cárcel que podían señalar con el dedo.
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